CARTA DESDE EL CAMPAMENTO


En el campamento, 17 de agosto de 2004
Hola papá y mamá:

Aquí en el campamento me lo paso fenomenal. Estamos todos muy bien. El agua que lleva cayendo toda la noche sólo se ha llevado una tienda de campaña y dos sacos de dormir. No se ha ahogado nadie, porque justo en el momento de la inundación estábamos buscando a Carlos que se había perdido en la montaña. Por cierto,¿podéis llamar a sus padres para decirles que está bien? Es que él no puede escribir la carta porque se ha roto los dos brazos.

Me han dejado ir en el 4x4 con el equipo de rescate. ¡Qué guay! Si no hubiera habido tanto relámpago, nunca habríamos encontrado a Carlos. El jefe del campamento estaba muy enfadado con Carlos por haberse ido sólo a la montaña sin avisar, aunque Carlos sí que se lo dijo al jefe, pero como éste estaba muy ocupado apagando el fuego, posiblemente no lo recuerda.

¿Sabéis que si tiras una bombona de butano al fuego, explota? Los árboles no se quemaban porque estaban demasiado mojados de la lluvia, pero sí una de las tiendas con la ropa, las medicinas y el equipo de comunicaciones. David tendrá un aspecto raro hasta que le vuelva a crecer el pelo.

Si el jefe logra arreglar el minibús, el sábado estaremos en casa. Él no tuvo la culpa del accidente, porque cuando salimos del campamento los frenos todavía funcionaban. Dice que es muy normal que sucedan estas cosas con vehículos tan viejos, pero que no hay peligro porque los coches de antes son muy robustos, aunque a veces tengan averías. A nosotros nos gusta mucho el minibús y al jefe no le importa que lo ensuciemos. Tiene sólo 10 asientos pero entramos fácilmente más de 30 niños.

En los caminos de montaña nos deja llevar el minibús un rato cada uno. Eso está muy guay, porque tiene muchas curvas que lo hace más divertido. Lo malo fue que la policía nos paró justo cuando me tocaba a mí. El agente dijo que iba a hablar con vosotros.

No os preocupéis, estamos en buenas manos. El jefe es realmente guay. Esta mañana todos nos fuimos a nadar en el lago pero a mí no me dejaba porque no sé nadar y a Carlos tampoco porque tiene los brazos rotos, así que nos dejó ir con la canoa hasta el otro lado del lago. Si miras en el agua puedes ver en el fondo los árboles sumergidos por la inundación. El jefe no es tan pesado como el del año pasado, ni siquiera se enfadó por habernos olvidado los chalecos salvavidas. Él esta muy ocupado arreglando el minibús, por eso lo molestamos lo menos posible.

Hoy hemos hecho un cursillo de primeros auxilios. Cuando Oscar se tiró al agua se hizo un corte muy profundo en la pierna y le hicimos un torniquete. Es un nudo para cortar hemorragias. Me puse a vomitar y algunos otros niños también, pero según el jefe era por haber comido el pollo que olía raro y por beber agua del arroyo, justo debajo de las letrinas. Nos dijo que no nos preocupáramos, que en la cárcel él había comido cosas peores.

Estoy muy contento de que el jefe esté en libertad condicional y que haya venido con nosotros de campamento para mejorar su vida. Dice que a partir de ahora lo va a hacer todo bien y que no volverá a secuestrar a más niños para pedir rescate por ellos a sus padres. Bueno, voy a terminar la carta porque luego nos vamos a la ciudad para echarlas a correos y para comprar cuerdas y cinta aislante. El jefe dice que es imprescindible para los juegos de esta noche. Estoy ansioso por ver de qué se trata.

Un beso. Manolito.

Continuaciones de la carta: