La ciudad y la casa romanas




Las ciudades romanas estaban amuralladas y a ellas se accedía por grandes puertas que coincidían con las calles principales de la ciudad.
En el centro de la ciudad, justo donde se juntaban las calles principales, se encontraba el foro o plaza principal. En el foro estaban los edificios más importantes, como la curia (sede del gobierno), los templos (lugar de adoración de los dioses), la basílica (lugar en el que se administraba la justicia) y las tabernae (comercios más importantes).
Además, en las principales ciudades había lugares destinados al ocio y a la diversión de sus ciudadanos: teatros para la representación de obras teatrales, anfiteatros para las luchas de gladiadores, circos para las carreras de caballos y termas a las que se acudía para disfrutar de los baños.

Las casas romanas recibían el nombre de domus. Había tres clases de domus:
  • La villa: era una casa aislada de las demás, con jardín, huerta, establo y espacios para almacén de productos. Sus propietarios eran los poderosos de la ciudad.
  • La casa señorial: era una vivienda unifamiliar adosada a otras, sus propietarios eran personas adineradas.
  • La ínsula: vivienda de varios pisos habitada por las familias con menos dinero. La parte baja de la ínsula estaba construida en piedra y se utilizaba como comercio, los pisos superiores eran de madera.

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